13/9/09

En la muerte de Diego Jesús Jiménez

Hace unos días recibí un escueto sms en el que Manuel Rico me anticipaba la mala noticia: el poeta Diego Jesús Jiménez agonizaba en su casa madrileña. El cáncer, una vez más, había ganado la batalla. Luego, a medida que pasaban estos días de alejamiento gaditano con mis pequeños, cada vez que un mensaje saltaba en el móvil, el mal presagio me invadía por un momento hasta comprobar quién lo enviaba. Esta tarde llegó, al fin, la confirmación de la mala nueva.

Diego Jesús Jiménez, galardonado dos veces con el Premio Nacional de Poesía, Premio de la Crítica (1998) y Premio Adonais (1964), era un poeta de largos silencios entre libro y libro publicado. Su última obra, en la que llevaba trabajando más de diez años, nos queda ahora como legado del que, sin duda, puede considerarse como una de las voces más significativas de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX.

Desde un principio Diego Jesús se mostró muy prudente con nuestro proyecto editorial. En los últimos tiempos, mucho después de que tuvieramos la suerte de reeditar su magnífica Fiesta en la oscuridad, le vi bastante más convencido por la senda que tomaba la colección de poesía. Incluso en la Feria del Libro de Madrid del año pasado, pocos días después de que le diagnosticaran su enfermedad y le anunciaran que tendría que someterse a una intervención quirúrgica y a un tratamiento posterior, se acercó a saludarme a nuestra caseta y se mostró muy contento con el rumbo que estaba siguiendo la misma.

Mañana será enterrado en Priego de Cuenca, su pueblo de la infancia y de buena parte de su vida. Descansa en paz.

1 comentario:

Viktor Gómez dijo...

Descanse en paz Diego, después de tanto padecer último.

Con permiso llevo tu nota a mi blog.

Víktor

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