21/4/13

Tarde de domingo en la Feria del Libro de Granada

"Antídoto contra la comparsa de poetas subvencionados", la sombra de Javier Egea y su poesía inédita sobrevoló hace un rato la caída de esta tarde de primavera en la Feria del Libro granadina. La presentación, segunda puesta de largo del volumen II de la poesía completa en la capital andaluza, contó con la intervención de Juan Carlos Rodríguez, maestro y guía de Egea (y tantos otros poetas granadinos), de Jairo García Jaramillo -prologuista de este volumen y estudioso de la obra de Quisquete- y Manuel Rico, director de la colección Bartleby Poesía.


"¿Es posible sentar al poema en un diván"?, se preguntó J. C. Rodríguez después de saludar la publicación definitiva de la obra poética de Egea tras años de controversias. "La memoria miente y los poemas siempre mienten al contar su verdad objetiva", pero aquí está el taller del poeta y esto es motivo de regocijo.

El acto resultó emotivo, gratificante como las poderosas palabras del poeta, un soplo de frescor en el sopor primaveral de esta tarde de domingo granadino. Tuvo su punto de sarcasmo con la lectura de alguno de los sonetos de Egea y de otros sobresalientes poemas excluidos por el propio poeta del cuerpo definitivo de su libro Paseo de los tristes. Tiene Egea, su voz, la verdad de la poesía que conmueve por encima de las tormentas y de los naufragios. Un bálsamo contra los descreídos.

Mañana de domingo en la Feria del Libro de Granada

Mañana de domingo primaveral en Granada. Me tomo una cerveza en Chikito, la taberna donde García Lorca tenía su tertulia. Las paredes están repletas de fotografías de famosos de la farándula y el deporte que en los últimos treinta o cuarenta años han pasado por el establecimiento. El mordisco del tiempo es inmisericorde. Viejas glorias del celuloide o de heroicas competiciones ciclistas de tardes de julio en el Tour posan sonrientes, ignorantes de que un par de décadas después empolvarán solo los recuerdos de los más mayores. Y después, nada.

Me siento tentado de escribir un breve tratado de antropología del lector. Del lector de un domingo de primavera en cualquier feria del libro andaluz y, por extensión, de cualquier ciudad española de mayor o menos tamaño. Dice el librero con el que compartimos caseta que el asunto está animado. La gente sale de paseo. Pues qué bien.

Improviso estrategias comerciales: los libros muestran la contraportada para incitar la curiosidad de los paseantes. Apenas sorprendo a tres o cuatro, los más atentos al cambio de cartas. Para el resto, los que pasean con la ropa de domingo, bien atusados, siguen sumergidos en esta especie de invisibilidad que produce la acumulación de editoriales, títulos, autores.

Imagino maniobras de marketing para el futuro. Si es que el futuro existe. Por dónde tirar de aquí en adelante. Son casi las dos y media, hora de cierre. Como comenté en un reportaje de tapeo por la ciudad que se publica en el nº de mayo de la revista DeViajes, en Granada la tapa es más importante que la Alhambra. Y a eso me pongo. Salud.

11/4/12

Publicar en mitad de la tormenta

Cada vez ruge más en mi conciencia la duda: ¿merece la pena seguir
publicando con la que está cayendo? O, de manera más precisa: ¿qué merece la pena publicar en estos tiempos? Me comentaba hace un rato por teléfono un amigo que ayer visitó, por casualidad, una librería de barrio (en el Bº de la Concepción madrileño) y que el librero (con cerca de cuarenta años a sus espaldas de oficio) le preguntó si Bartleby Editores seguía funcionando. Algo no cuadra en todo esto. El librero dice que las ventas de poesía han caído, en el último año, de manera radical. No necesitaba yo ir al librero, como el que va a la consulta del psicólogo, para saberlo. Nuestras maltrechas cifras de venta desde la mitad de 2011 (y hasta ahora) son todo un poema. El poema más breve que hemos escrito en muchos años. Las dificultades, curvas y recovecos con las que afrontamos la batalla por la visibilidad de un determinado título/autor están llegando a límites insospechados. La sociedad se aturulla, no sólo el editor. Hay una especie de desbandada, de sálvese quien pueda, que repugna. En redacciones, en locales, en la calle. Hasta en mi espejo. Se aceptan razones para no mandarlo todo, definitivamente, a la mierda. España iba bien, con Aznar, cuando una vivienda subía de precio, de un día para otro, de 6.000 en 6.000 euros. De aquellos polvos vienen estos lodos. Pero ¿es que todavía quedan lectores de poesía en este país? ¿Y de cuál poesía?

2/2/12

A vueltas con la muerte de una poeta: Szymborska

Si tuviera un hambre voraz por el dinero me hubiera dedicado a la trata de blancas, al ladrillo o, mejor aún, a la política. Pero elegí ser editor y, para más inri, editor independiente. Peor aún: un editor independiente al que no le gustan los devaneos con el andamiaje del poder cultural establecido. Simplemente me dedico a publicar aquellos libros que me (nos) parecen de interés en un momento dado y que se ajustan a los criterios (propios) que tenemos marcados en la editorial. Mea culpa.

Anoche, cuando un sms me llegó en mitad de la gélida noche de un mes de febrero que agotaba su primera jornada para anunciarme la muerte de Wislawa Szymborska, lo único que se me ocurrió fue telefonear a Abel A. Murcia, amigo mutuo (de la premio Nobel y mío), traductor de la poeta al castellano y director del Instituto Cervantes de Cracovia, que está pasando unos días de vacaciones en España, para intercambiar con él unas palabras sobre Szymborska. Lo siento: ni me puse a llamar a todos los periodistas culturales que conozco, ni se me ocurrió anunciar a bombo y platillo que nuestra editorial había sido la que publicó el último libro de la poeta polaca. Me pareció que, en la tristeza del momento, lo que había que hacer era recordar -a modo de homenaje- la entrevista (última, por cierto) que ella concedió a un periódico español (El País, el 10 de noviembre de 2009, en su casa de Cracovia), con motivo de la publicación en nuestro país del libro de poemas Aquí, por Bartleby, y de un libro de textos en prosa editado por Alfabia. Por lo que tenían de premonición, en cierta medida, sus palabras. Una especie de lección de vida. Y así lo subí al Facebook y al blog de la editorial. Nada más. Me parece que una muerte, aunque sea una noticia que haya corrido como la pólvora por todos los servicios de noticias de medio mundo, no es motivo de afinar el olfato. Creo que se puede ser editor y sobrevivir en mitad de la barbarie cultural que nos asola. Ser editor y no morir en el intento.

21/6/11

París en dos miradas

Estamos en año impar. Año Woody Allen. Metido como anda en dirigir video-clips de exaltación turística cada tanto, esta vez le ha tocado a la capital francesa (como antes les tocó, con desigual resultado, a Londres y Barcelona). Pero como va de año impar el bueno de Woody nos ha dejado una de esas producciones que rezuman humor e ironía a partes iguales. Me reafirmo: Casandra's Dream (2007), Vicky Cristina Barcelona (2008), Whatever Works (2009), You will Meet a Tall Dark Stranger (2010). Y así se podría ir desenredando la filmografía del director neoyorquino. Todos amamos París. Todos soñamos con mudarnos algún día allí y encontrar a la Marion Cotillard de nuestros sueños. Aunque París no cure las heridas. De eso sabe mucho también el viejo Woody: y por lo mismo cobra verosimilitud el guiño que propone a los espectadores con sus saltos hacia atrás en el tiempo. La película comparte cartelera con otra mirada menos tópica que tiene como escenario también a París: Pequeñas mentiras sin importancia (Les petits mouchoirs), de Guillaume Canet. Es un drama actual que ha arrasado la taquilla en Francia y, seguro, también lo va a hacer en España. Poco a poco, como se degusta un buen vino. Si la mentira de Allen nos ofrece la magia del viaje en el tiempo, la pequeñas mentiras de los protagonistas del film de Canet nos sientan directamente frente al espejo. Es bueno llorar. Y reir. Ambas películas, con París de fondo, nos lo garantizan. Y no es malo, al contrario.

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