Ayer por la noche, mientras preparaba la cena, me llamó indignado uno de nuestros autores. Al parecer se había acercado a uno de los establecimientos que tiene abierto en su ciudad una de las grandes cadenas de librerías (y otros bienes de consumo) y había comprobado que, pese a solicitar la reposición de su título hacía unas semanas, el libro que ha publicado con nosotros meses atrás seguía sin estar allí mientras un buen montón de ejemplares del último poemario publicado por Yolanda Castaño (en Visor, naturalmente) esperaban sonrientes a los posibles compradores. "No podemos hacer mucho", repuse mientras el aceite iba dorando el diente de ajo en la sartén.
"¿Cómo van las cosas?" me suelen preguntar amigos y escritores allegados. "Mal", contesto. La crisis. La crisis hace que las pequeñas librerías independientes hayan reducido, en general, al mínimo la adquisición de ejemplares. Y que las grandes superficies apliquen criterios tan científicos como, por ejemplo, que a la central de compras de la Casa del Libro (antaño paradigma de lo que toda librería quería llegar a ser y hoy convertida en un supermecado de best-sellers y modas pasajeras pero muy rentables a corto plazo) el último libro de la Premio Nobel polaca, Wislawa Szymborska, no le interese. Que no le interese significa, exactamente, que cuando se le presentó la novedad no pidió ningún ejemplar para toda su cadena de librerías. Que no le interese significa que, cuando dos semanas después se le insitió pensando que se trataba de un error, pidiera cuatro ejemplares para todas sus tiendas. La crisis. La crisis significa que la central de compras de la Fnac pidiera una pila de ejemplares del libro de Yolanda Castaño para su tienda de A Coruña y sólo catorce ejemplares de la poesía completa de Peter Handke para toda su red de establecimientos en España. Y éste es, por desgracia, el contexto en el que tenemos que batallar. Uno o ninguno. Y sin reposiciones porque la política de los grandes grupos editoriales frente a la crisis ha consistido en inundar las librerías con novedades y más novedades. Y ya sabéis el tiempo de vida que tiene una novedad en nuestro país: un par de semanas. El otro día en Zaragoza contaron delante de mí el número de novedades de Alianza que tenían encima de sus mostradores: diecisiete. ¿Que cómo van las cosas? Pues muy mal, oiga.
Lerma (Burgos)
Hace 1 hora.




