11/04/12

Publicar en mitad de la tormenta

Cada vez ruge más en mi conciencia la duda: ¿merece la pena seguir
publicando con la que está cayendo? O, de manera más precisa: ¿qué merece la pena publicar en estos tiempos? Me comentaba hace un rato por teléfono un amigo que ayer visitó, por casualidad, una librería de barrio (en el Bº de la Concepción madrileño) y que el librero (con cerca de cuarenta años a sus espaldas de oficio) le preguntó si Bartleby Editores seguía funcionando. Algo no cuadra en todo esto. El librero dice que las ventas de poesía han caído, en el último año, de manera radical. No necesitaba yo ir al librero, como el que va a la consulta del psicólogo, para saberlo. Nuestras maltrechas cifras de venta desde la mitad de 2011 (y hasta ahora) son todo un poema. El poema más breve que hemos escrito en muchos años. Las dificultades, curvas y recovecos con las que afrontamos la batalla por la visibilidad de un determinado título/autor están llegando a límites insospechados. La sociedad se aturulla, no sólo el editor. Hay una especie de desbandada, de sálvese quien pueda, que repugna. En redacciones, en locales, en la calle. Hasta en mi espejo. Se aceptan razones para no mandarlo todo, definitivamente, a la mierda. España iba bien, con Aznar, cuando una vivienda subía de precio, de un día para otro, de 6.000 en 6.000 euros. De aquellos polvos vienen estos lodos. Pero ¿es que todavía quedan lectores de poesía en este país? ¿Y de cuál poesía?

02/02/12

A vueltas con la muerte de una poeta: Szymborska

Si tuviera un hambre voraz por el dinero me hubiera dedicado a la trata de blancas, al ladrillo o, mejor aún, a la política. Pero elegí ser editor y, para más inri, editor independiente. Peor aún: un editor independiente al que no le gustan los devaneos con el andamiaje del poder cultural establecido. Simplemente me dedico a publicar aquellos libros que me (nos) parecen de interés en un momento dado y que se ajustan a los criterios (propios) que tenemos marcados en la editorial. Mea culpa.

Anoche, cuando un sms me llegó en mitad de la gélida noche de un mes de febrero que agotaba su primera jornada para anunciarme la muerte de Wislawa Szymborska, lo único que se me ocurrió fue telefonear a Abel A. Murcia, amigo mutuo (de la premio Nobel y mío), traductor de la poeta al castellano y director del Instituto Cervantes de Cracovia, que está pasando unos días de vacaciones en España, para intercambiar con él unas palabras sobre Szymborska. Lo siento: ni me puse a llamar a todos los periodistas culturales que conozco, ni se me ocurrió anunciar a bombo y platillo que nuestra editorial había sido la que publicó el último libro de la poeta polaca. Me pareció que, en la tristeza del momento, lo que había que hacer era recordar -a modo de homenaje- la entrevista (última, por cierto) que ella concedió a un periódico español (El País, el 10 de noviembre de 2009, en su casa de Cracovia), con motivo de la publicación en nuestro país del libro de poemas Aquí, por Bartleby, y de un libro de textos en prosa editado por Alfabia. Por lo que tenían de premonición, en cierta medida, sus palabras. Una especie de lección de vida. Y así lo subí al Facebook y al blog de la editorial. Nada más. Me parece que una muerte, aunque sea una noticia que haya corrido como la pólvora por todos los servicios de noticias de medio mundo, no es motivo de afinar el olfato. Creo que se puede ser editor y sobrevivir en mitad de la barbarie cultural que nos asola. Ser editor y no morir en el intento.

21/06/11

París en dos miradas

Estamos en año impar. Año Woody Allen. Metido como anda en dirigir video-clips de exaltación turística cada tanto, esta vez le ha tocado a la capital francesa (como antes les tocó, con desigual resultado, a Londres y Barcelona). Pero como va de año impar el bueno de Woody nos ha dejado una de esas producciones que rezuman humor e ironía a partes iguales. Me reafirmo: Casandra's Dream (2007), Vicky Cristina Barcelona (2008), Whatever Works (2009), You will Meet a Tall Dark Stranger (2010). Y así se podría ir desenredando la filmografía del director neoyorquino. Todos amamos París. Todos soñamos con mudarnos algún día allí y encontrar a la Marion Cotillard de nuestros sueños. Aunque París no cure las heridas. De eso sabe mucho también el viejo Woody: y por lo mismo cobra verosimilitud el guiño que propone a los espectadores con sus saltos hacia atrás en el tiempo. La película comparte cartelera con otra mirada menos tópica que tiene como escenario también a París: Pequeñas mentiras sin importancia (Les petits mouchoirs), de Guillaume Canet. Es un drama actual que ha arrasado la taquilla en Francia y, seguro, también lo va a hacer en España. Poco a poco, como se degusta un buen vino. Si la mentira de Allen nos ofrece la magia del viaje en el tiempo, la pequeñas mentiras de los protagonistas del film de Canet nos sientan directamente frente al espejo. Es bueno llorar. Y reir. Ambas películas, con París de fondo, nos lo garantizan. Y no es malo, al contrario.

10/01/11

Premio a Sandra Santana por la traducción de la poesía de Peter Handke

Nos complace anunciaros que el Ministerio de Educación, Arte y Cultura austriaco ha concedido a Sandra Santana uno de sus premios de traducción anuales 2010, por su labor como traductora del conjunto de la obra poética de Peter Handke, Vivir sin poesía, publicada por Bartleby Editores en 2009. Estos premios tienen como objetivo distinguir aquellas traducciones de especial calidad y relevancia de obras de literatura austriaca a cualquier lengua no alemana. Os recordamos que el volumen recoge toda la poesía publicada por el controvertido escritor austriaco. Más información.

06/01/11

"También la lluvia", la última película de Icíar Bollaín

Un guionista inglés, Paul Laverty, para mostrar sobre el celuloide la codicia de los conquistadores españoles en la América recién descubierta por el almirante Cristóbal Colón. El expolio del oro indígena a golpe de crucifijos y mosquetones entrelazado con la "Guerra del Agua" que asoló la ciudad boliviana de Cochabamba en abril del año 2000. Con esos mimbres ha construido su quinta película como directora Bollaín: un largometraje en buena medida bien trabado, con momentos de altísima carga emocional que, sin embargo, se va diluyendo en la parte final por la dificultad de trasladar al espectador todo el dramatismo que una revuelta de estas características, en los albores del siglo XXI y con gente desesperada, conlleva. Impecable el trabajo de Elejalde y de Tosar, también el de Raúl Arévalo y Carlos Santos. Más flojito el del mexicano Gael García Bernal. Y un espacio aparte para Juan Carlos Aduviri, actor indígena boliviano, verdadero eje de la cinta.

Tal vez se trate de que estamos tan acostumbrados a contemplar, día a día, la realidad de los disturbios urbanos en cualquier rincón del planeta que, posiblemente, la ficción que nos plantea Icíar Bollaín sea incapaz de alcanzar a la realidad. Con todo, la película cuenta el viaje emocional y afectivo de un equipo de rodaje que se encuentra inmerso en mitad de una revuelta indígena contra la privatización del agua (sí, incluida el agua de lluvia) que quiso llevar a cabo el gobierno de Hugo Banzer en Bolivia. Muestra las diferentes -y legítimas- reacciones que tienen todos los miembros del equipo frente a una situación límite: del miedo al compromiso. Y es, en buena medida (y como todas las películas de la realizadora madrileña), una llamada de atención hacia un mundo desigual. Y una mirada hacia nuestro ombligo. La enésima mirada hacia ese ombligo de un grupo de proges. Qué fea se ha puesto esta palabra en los tiempos que corren: "progres". Nunca he visto una película, obra de teatro o libro en la que la gente de derechas haga autocrítica. Todavía somos muchos los que andamos esperando una reflexión, un mea culpa, unas palabras de disculpa por el apoyo a la invasión y guerra de Irak que jalearon, por unanimidad, todos los diputados del PP con Aznar a la cabeza. Mientras los progres se lamen sus heridas y revisan la historia, como en el caso de la película de Bollaín, la derecha española se apresta al asalto al poder. Sólo hay que leer algunos de los foros de sus canales en la televisión digital o en sus medios periodísticos. Dan miedo.

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