24/11/09

A vueltas con la mujer fatal


Hace apenas dos horas que ha concluido la presentación del último libro en el que ha trabajado Marta Sanz: lo publica 451 (cuatro, cinco, uno editores) y se titula Libro de la mujer fatal. El evento ha tenido lugar en la librería La Buena Vida: situada entre la plaza de Isabel II y la de Ramales, junto al Teatro Real de Madrid, un rincón para comprar un libro, tomarse una copa o un té y escuchar a los amigos. Marta publicará en primavera un libro de poemas con nosotros y es buena amiga. Por eso sé que no me tirará de las orejas cuando diga lo siguiente: Elena, como dice Miguel Ángel Muñoz es su post de despedida: "el escritor... probablemente... se tiene que limitar a escribir". Y si se acepta una invitación para presentar algo no basta con decir "Yo soy fan de Marta Sanz". Que suena como si se fuera también seguidor de Alejandro Sanz (que alguien me corrija, pero estoy seguro de que no son familia). Y si no se tiene buena oratoria, pues se lee (que es lo que hace muchísima gente). Y más si lo que se va a presentar es un libro de una editorial tan exigente como 451. Vamos, creo yo. Óscar Esquivias, claro, no tuvo resbalones y lo bordó. Y luego yo, mientras volvía en el Metro devorando la prosa de alto voltaje de Marta Sanz en el prólogo a esta antología, me acordé de un libro de poemas que acabé el domingo por la mañana, Perversiones y ternuras, el último poemario publicado por Déborah Vúkusic (en Baile del Sol). Femme fatale de las alas a los orejas. No os lo perdáis.

También acabé hace un  par de días, qué sería de nosotros sin los fines de semana, la Operación masacre de Rodolfo Walsh (también editado por 451). Como ya sabréis se trata de un trabajo periodístico de investigación realizado a finales de la década de los cincuenta en Argentina después de unos fusilamientos sumarísimos ocurridos en 1956 como represalia por un intento de levantamiento contra el régimen militar de turno en aquel país. La llamada Revolución de Valle. Leo el epílogo que escribió Walsh en su día y parece que estoy leyendo a aquel personaje de Chéjov en La sala número seis, descreído y desesperado. Hay que ver lo poco que ha cambiado el mundo en estos últimos cien años...

3 comentarios:

Eva Monzón dijo...

Y lo poco que cambiará en los siguientes cien.
No es pesimismo, es realismo histórico.

VUK dijo...

femme fatale de las alas a las orejas?
JAJA!
no te lo crees ni tú.
no me lo creo ni yo.
gracias por tus palabras en el laberinto.

Penisneid dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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