5/8/09

Vuelta al trabajo

Tiene Madrid, en las noches de agosto, un perfil de ciudad fantasma. Así lo pude comprobar el pasado lunes paseando con una amiga por las callejas silenciosas y solitarias de mi barrio de la infancia. Cuesta tomarle el pulso al trabajo después de estas mini-vacaciones: volver a la soledad, al tiempo para la lectura sin que ningún niño altere el orden, al calor sofocante, al largo día en suspenso mientras imaginas a media humanidad disfrutando de las glorias estivales (la otra, claro, pena por sus infiernos particulares, que no son pocos). Comparto horas con una de nuestras novelistas y traductoras, Eva Monzón, que se ha venido unos días desde Valencia y ocupa (desde ayer) uno de esos espacios que han dejado mudos mis dos pequeños durante la primera quincena de agosto. Anoche compartimos cena y charla en una terraza de la Sierra, al fresquito que esparcía la luna casi llena. Luego visitamos, en Manzanares el Real, un precioso rincón iluminado por unas cuantas velas, la misma luna y algunos faroles. El sitio, ubicado junto al estanque de un antiguo molino harinero, es una preciosidad. La mañana la he dedicado a preparar la documentación que nos pide el Ministerio de Cultura como paso previo para conceder las ayudas a la edición que solicitamos el pasado mes de abril. Y luego hemos comido con Justo Sotelo, narrador y profesor universtitario de quien publicaremos (el próximo octubre) su último libro: la novela Entrevías, mon amour, y con Manuel Rico en un coqueto restaurante situado a dos pasos de la Plaza del Rey. Ahora queda acabar de corregir y ordenar las primeras galeradas de la antología La manera de recogerse el pelo. Generación Blogger, que saldrá también en octubre con una colección de videos, magníficos, elaborados por la genial Patty de Frutos.

3 comentarios:

Lola Torres Bañuls dijo...

Prefiero una ciudad fantasma a una ciudad llena de ruidos.
Yo vivo en un pueblo de 2500 habitantes y me encanta la tranquilidad.

Un saludo.

Hache dijo...

Hola Pepo: te propongo un experimento interesante: como en la playa (nunca en el metro, eso sería trampa...ja, ja, ja) busca cuánta gente hay leyendo a estas alturas de año en las calles o las terrazitas de Madrid y lo cuentas ¿te parece?
Un abrazo.

H.

Pepo Paz Saz dijo...

Hola, Lola. La verdad es que yo también vivo en un pueblín: nada como la tranquilidad, es cierto. Pero, con todo, sorprende recuperar ese sosiego estival que se extiende por las noches de los barrios madrileños como una mancha de aceite: un silencio espeso, no el silencio de los que callan sino el silencio de los que no están...

H: acepto el envite. Esta tarde intentaré contarlos. Seguro que me sobran dedos...

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