8/6/09

El (nuevo) club de los poetas muertos o la experiencia de la poesía

Resulta tan aburrida una jornada de lunes con frío invernal en la Feria del Libro de Madrid (no firman ni Boris Izaguirre ni Luis García Montero) que uno tiene hasta tiempo de leer la prensa atrasada del fin de semana. Entre las perlas que nos dejaba el sábado estaba el diáfano artículo firmado por Manuel Rico (poeta, crítico, narrador y director de la colección Bartleby Poesía) en la edición nacional de El País con el título Lo inoportuno y lo inaceptable. Como muchos ya sabréis, el texto de Rico aludía a la artificiosa polémica surgida hace un par de semanas tras el fallecimiento del maestro Benedetti a cuenta de unas supuestas declaraciones del premio Cervantes leonés, Antonio Gamoneda.

Me comenta Manuel, y podéis leerlo reflejado en su blog que lo realmente sorprendente y terrible es la cantidad de adhesiones desde la sombra que está recibiendo durante estos días. La gente del mundo poético y literario en general le ha enviado muchos sms o llamado para felicitarle por atreverse a dar el paso y poner, negro sobre blanco, lo que nadie hasta ahora se había atrevido a hacer en una tribuna de opinión con semejante calado: replicar con nombre y apellidos a los rencillas que, desde hace años (demasiados años ya) dictan la norma y el canon de lo que es o no poesía, de lo que se debe o no decir, de lo que se premia o no y hasta de cómo y dónde va a parar mucho del dinero público invertido en la experiencia de la poesía.

¿Cómo definiría a una "editorial independiente"? Aquella que no publica ningún premio con cargo a las arcas de las diferentes administraciones públicas. Tal y como están los tiempos esta sea, probablemente, la mejor definición sobre la edición independiente en España. El vuelo sin motor y sin paracaidas.

Viene lo anterior a cuento porque no pienso que la polémica Gamoneda-Benedetti tenga sólo un engarce con las diferentes estéticas de la poesía actual. En realidad se trata de amasar (de continuar amasando) un buen alijo de premios bien dotados y editados por todos ya sabemos quién, invitaciones a infinidad de cotarros poéticos y no poéticos nacionales e internacionales (con desplazamientos, estancias y dietas incluidas), colaboraciones regulares en revistas literarias financiadas con cargo al erario público, ediciones subvencionadas por agencias estatales, cobertura desmedida por parte de suplementos y diarios (afines y no tanto), etc, etc; es decir, un complejo aparataje de influencias y equilibrios que devienen, inevitablemente, en una cuenta de resultados muy saneada.

Ahí está el meollo del problema. Por eso nadie se atreve a moverse de la foto mientras algunos, unos pocos, nos siguen diciendo lo que es o no poesía y a quién hay que querer, odiar o llorar en cada momento. Por eso Manuel Rico ha sido valiente ¿qué triste, verdad?

1 comentario:

Manuel dijo...

Tienes razón, Pepo. Pero no me preocupa demasiado, la verdad. A veces, los comportamientos sectarios, las "sociedades de socorros mutuos" con que Vázquez Montalbán calificaba las tendencias poéticas existentes en España, funcionan grancias al silencio de la mayoría. Incluido el de los que en privado denuncian a la secta pero sin atreverse a denunciarla en público. Pero qué le vamos a hacer. El miedo es libre. Un abrazo y gracias infinitas.

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