11/8/10

Geografías de la infamia: Arnao

A estas de alturas de agosto el maíz ha alcanzado ya una altura cercana a los dos metros. El aire de la tarde supura un espeso dulzor agrio que procede de las explotaciones ganaderas que jalonan la carretera. A mediodía todavía algunos peregrinos a Compostela se aventuran a caminar sobre la herida ardiente que abre el asfalto entre los maizales y los prados cercados. A veces la carretera parece estrecharse aún más: es cuando se transita entre dos plantaciones de maíz. Ahí al silencio le sustituye un run-rún que parece metálico. La aprensión del maizal. Los caminantes aprietan el paso buscando que el horizonte se hinche de nuevo, como una vela mayor, y el azul respire pespunteando el destello de los tejados de pizarra de las casas en la lejanía.

El lugar se llama Arnao y está en el lado asturiano de la desembocadura de la ría del Eo, un balcón que se asoma a la costa varicosa de Ribadeo. El sábado pasado llegué allí por casualidad. En realidad S. me animó a ir para ver cómo estaba la zona próxima al aeródromo donde antaño, cuando niños, alguna vez había acompañado a mis padres para pasar una tarde de merienda en el campo.

Una vez superadas las revueltas que conducen a la playa del mismo nombre hay una bifurcación con forma de i griega. Una conduce a la Punta da Cruz, extremo occidental de la afilada costa sobre la ría y el Cantábrico, y la otra hasta el área recreativa de Arnao. Se trata de un bonito prado con mesas de madera, barbacoas, mechones de hierba verde y una zona arbolada. Un lugar perfecto para un picnic si no fuera por el monolito anónimo que recibe a los visitantes junto al aparcamiento habilitado sobre la hierba. Recuerda que aquí estuvo situado un campo de concentración franquista que funcionó hasta bien entrados los años cuarenta (es decir, bastante después de concluida la Guerra Civil). En el cielo las nubes bosquejan hipnópticos dibujos y yo recuerdo ahora los campos de detención y trabajo forzado que duermen en el oprobio del olvido (me refiero a los que jalonaron la construcción de la línea férrea Madrid-Burgos-Irún a su paso por el Valle del Lozoya madrileño y me pregunto ¿hasta cuándo el miedo o la memoria cercenada sobre el dolor?

9/8/10

Rituales de verano II

Cada noche, a la hora de dormir, mi pequeña Sara me pide que le de la mano, un puente tendido entre las dos camas. Ella sostiene la teoría de que si caemos en el sueño con ellas enlazadas compartiremos nuestras aventuras nocturnas. Trazamos entonces planes sobre lo que soñaremos hasta que el silencio, sólo roto afuera eventualmente por el griterío de las gaviotas, o el cansancio, nos sumergen en el duermevela definitivo.

Cada mañana, al despertar, yo le pregunto si recuerda lo que ha soñado. Ella, con la inocencia de los cuatro años, me dice que no recuerda nada. Yo, por contra, me hago el loco.

Y así luego, cuando llega la noche, repetimos idéntico ritual mientras Sara bosqueja princesas imaginarias o urde un pequeño catálogo con sus añoranzas infantiles.

7/8/10

Los desdichados de Larry Brown

Acabo de terminar la lectura de las galeradas del libro de relatos de Larry Brown que publicaremos a finales de septiembre. Se titula Amor malo y feroz (Big bad love), en la traducción -excelente- de Luis Ingelmo. Durante estos días he estado recibiendo llamadas telefónicas y mensajes por e-mail de algunos de los libreros a los que hace a finales de junio les enviamos la edición limitada de estas pruebas (impresas y encuadernadas): todos coinciden en el entusiasmo con que las han leído y cómo les ha enganchado el estilo directo, sin concesiones, con que escribía Brown. Además, en esta misma semana la revista Culturamas publicó en su apartado dedicado a la creación un anticipo del libro. Amor malo y feroz está plagado de tipos buenos que hacen, una y otra vez, las cosas mal; de perdedores que equivocaron, no se sabe cuándo, la dirección a tomar. En estos relatos se respira el Misisipi profundo y, también, la desdicha de los que viven al margen de todo (la sociedad, la familia, la ley pero, básicamente, la esperanza). Los relatos de Brown son un brutal y descarnado retrato de la América profunda y solitaria que recuerda, y mucho, a la desolación de No es país para viejos, de los hermanos Coen (por cierto, en EE.UU. el libro sirvió como guión para un largometraje de similar título que nunca se estrenó en España). Brown rinde homenaje en varios de sus pasajes a los autores que le gustaban, desde Carver a Chandler. Brown nos invita a la banda sonora de su vida recorriendo las broncas carreteruchas secundarias de su Misisipi natal. Larry Brown la palmó, de un ataque al corazón, con 53 años. Larry Brown tuvo, además, la mala suerte de llamarse igual que un ex-jugador y entrenador de baloncesto así que las búsquedas por internet hay que matizarlas: yo añado a su nombre y apellido un "escritor". Imagino que él, desde allá donde se encuentre sonreirá y dirá como cualquiera de sus personajes un "Bueno bueno bueno bueno bueno bueno".

4/8/10

sin noticias de larsson

Primera entrega de la encuesta estival playa de Tapia-2010: sin rastro de Larsson. No sé si preocuparme o regocijarme. He visto que una novela de la Esfera que se titula "El cococdrilo de los ojos amarillos" (o algo así) lleva trece ediciones...

3/8/10

Otros rituales estivales

Ayer iniciamos el segundo asalto a las vacaciones estivales. Mientras Sara dormía plácidamente en el asiento trasero del coche, Miguel y yo disfrutamos del amanecer, con el sol convertido en un bola anaranjada alzándose sobre el horizonte de la Tierra de Campos vallisoletana. Luego, por la tarde, me encaminé con Sara hasta los acantilados que enfrentan el faro de Tapia para fotografiar el ocaso. Por la mañana el cielo era una pantalla de azul líquida y totalmente despejada. Al caer la tarde, en la costa asturiana, el astro remoloneaba entre la capa de nubes panzudas y grisaceas que envolvían el horizonte.
Ayer recibí la llamada de un librero pamplonés, entusiasmado tras su lectura de las pruebas encuadernadas de Amor malo y feroz, el libro de relatos de Larry Brown que publicaremos este próximo otoño. Hoy el correo-e lo he recibido de Javier, de la Librería Cervantes, de Alcalá de Henares, igualmente encantado y divertido con el libro de Brown. Luis Ingelmo, su traductor y mentor, se ha encargado estos días de repartirlo por las librerías de Zamora y Salamanca en las que resulta habitual encontrar nuestras novedades.
El sopor de la hora de la siesta se extiende entre los gañidos de las gaviotas y el suave balanceo de las ramas de los árboles ahí afuera, al otro lado de la ventana...

Archivo del blog

Datos personales

Si estás interesado/a en saber más sobre nuestros libros visita la web www.bartlebyeditores.es

Visitas